Las invitaciones de boda siempre son un proyecto especial, porque el cliente tiene una ilusión difícil de encontrar en otro proyecto. Eso conlleva la responsabilidad de estar a la altura de sus expectativas, y para ello lo más importante es entender que quiere el cliente.
La ventaja que ofrece que te las prepare un diseñador es precisamente esa, poder conseguir algo totalmente personalizado y que se ajuste a los gustos del cliente.
Lo más complicado resulta cuando hay que pasar por imprenta, pues suelen producirse pocas unidades de las invitaciones lo que provoca que según que soluciones tengan un coste muy elevado, y ahí es también dónde los recursos del diseñador deben hacerle prever estos incrementos y buscar la manera de llegar a soluciones parecidas con costes reducidos.
Los trabajos que hay a continuación, son el ejemplo de la disparidad de necesidades de cada cliente.

